viernes, 6 de abril de 2018

IGUESTE SAN ANDRÉS - CASERÍO LA LAJA - IGUESTE SAN ANDRÉS


IGUESTE DE SAN ANDRÉS - CASERÍO DE LA LAJA - IGUESTE DE SAN ANDRÉS
(Por La Atalaya y por el Camino de Las Casillas)

FICHA TÉCNICA

TÉRMINO MUNICIPAL: Santa Cruz de Tenerife.
CÓMO LLEGAR: Desde Santa Cruz de Tenerife tomaremos la carretera de acceso a San Andrés, la TF-11; una vez allí, iremos por la TF-121 que nos lleva directamente al Caserío de Igueste de San Andrés.
COMIENZO: Igueste de San Andrés.
FINAL: Mismo lugar.
DIFICULTAD: Media - alta
DURACIÓN: 5 Horas.
LONGITUD: 15 Km.
PROVISIÓN DE AGUA: En la Plaza de Igueste de San Andrés, frente a la Iglesia hay una fuente pública; en el Camino del Cementerio está la Fuente de San Benito y en el Caserío de La Laja puede haber algún habitante ocasional. También en el cauce del barranco puede haber agua en temporada de lluvias, pero no es potable.
LUGARES DE INTERÉS: Caserío de Igueste de San Andrés e Iglesia de San Pedro; El Semáforo; Casa de los Atalayeros; Atalaya Vieja; Caserío de la Laja.
VENTAJAS: El trayecto hasta El Semáforo está señalizado como PR-TF-5.1 y en la Pista Hoya de los Juncos conectamos con el PR-TF-5. Todo el recorrido es de alto valor paisajístico.
INCONVENIENTES: Desde el Lomo de la Atalaya hasta el cruce con el PR-TF-5 que se dirige a Las Casillas, el trayecto se pierde en algunas ocasiones, aunque es bastante intuitivo; igualmente pasa después de abandonarlo en el Lomo de los Abales, hasta el Caserío de Las Laja.
PELIGROSIDAD: Nula.
TIPO DE RUTA: Senderismo.

CARTOGRAFÍA


DESCRIPCIÓN:



Iglesia de San Pedro.


En la plaza del pueblo de Igueste de San Andrés, donde está la Iglesia de San Pedro, hay un panel informativo y diversa señalización del PR-TF-5 que se refiere al recorrido que parte desde este mismo punto y se dirige, por la Pista Hoya de los Juncos, hacia el Caserío de Chamorga pasando antes por la Degollada de la Cancelilla y por el Caserío de Lomo de las Bodegas, el cual emplearemos para el regreso; también veremos información del PR-TF-5.1 que se dirige, al lado contrario y cruzando la plaza, hacia El Semáforo. 

Camino del Cementerio.

Iniciamos el recorrido adentrándonos por el pueblo mediante una calle peatonal que discurre por la Calle Carmen en dirección al Paseo Casas de Abajo; más adelante avanzamos cruzando un barranquillo justo donde está la Fuente de San Benito, en la cual podemos abastecernos de agua y luego conectaremos directamente con el Camino del Cementerio, que como indica su denominación se dirige al camposanto.

 
Tramo excavado en la tosca.

Antes de llegar al mismo, hay una bifurcación señalizada que remonta por nuestra izquierda y que da inicio a un sendero muy pedregoso y erosionado que asciende bastante sinuoso con increíbles vistas del pueblo de Igueste de San Andrés y de toda la costa acantilada, incluyendo la ciudad de S/C de Tenerife. El camino va tomando altura paulatinamente por un firme muy irregular, desgastado por el continuo uso, ya que es un sendero muy transitado; discurre entre Tabaibas (Euphorbia mellifera), Matorriscos (Lavandula canariensis), Verodes (Kleinia neriifolia) e Inciensos (Artemisia thuscula) y va superando cada vez más desnivel sobre un muro de cimentación que evidencia el hecho de su elaboración artesanal y con el solo fin de comunicar el pueblo con el faro situado bajo el Lomo de la Atalaya, llamado El Semáforo. 



 Vista desde el camino hacia Igueste de San Andrés.

En un momento determinado entraremos dentro de los límites del Parque Rural de Anaga, como así lo indica una señal ubicada en un grueso poste de madera, el firme aparece por esta zona más degradado aún, muy erosionado y dejando brotar del terreno grandes rocas que hacen bastante dificultoso el paso; hay un buen tramo en estas circunstancias.

Más adelante, la superficie del camino se torna más cómoda de andar ya que su firme está tallado en el terreno que está compuesto de tosca rojiza, haciéndose evidente este hecho en el talud lateral que bordea todo el camino; es destacable también una canalización hollada en el piso que servía de desagüe en caso de fuertes lluvias. 



Continúa un zigzagueante recorrido, pasando cerca de grandes ejemplares de Cardones (Euphorbia canariensis) y frondosas Tabaibas (Euphorbia mellifera); en una de las curvas del sendero hay una elevación que destaca formando un inmejorable balcón natural desde donde no podemos perder la oportunidad de pararnos para disfrutar de las panorámicas que ofrece el lugar; estas abarcan toda la costa de la capital, Santa Cruz de Tenerife y parte de la banda suroeste de la isla, así como el Caserío de Igueste de San Andrés en su totalidad e incluso la silueta inconfundible de El Teide (3718 m.). 



Luego continúa su avance siempre en continuo ascenso por firme bastante cómodo y compacto, más adelante pasaremos junto a un pitón rocoso muy destacado situado sobre la Hoya del Molino; después hay otro tramo bastante pedregoso y degradado que da paso de nuevo a caminar sobre firme más compacto y liso donde el camino presenta un muro de piedra a modo de cimentación de este.


De camino al Semáforo.


Cuando el desnivel es más suave, el transcurso del sendero es más estrecho y algo más pedregoso, volviendo de nuevo a presentarse más ancho y con firme más compacto cuando coronemos una considerable altura bajo el Lomo de la Atalaya; es aquí donde veremos un viejo murete de piedra que protege el paso del camino hacia el acantilado que lo bordea y donde nos encontramos con una bifurcación por nuestra izquierda que asciende hacia el Lomo de la Atalaya; aquí hay un poste con una señal que indica la dirección hacia El Semáforo por el PR-TF-51.1. 


Camino del Semáforo.

Seguimos de frente llaneando por el camino que discurre tallado en el terreno, bordeando un escarpe rocoso por donde discurre el Barranquillo Hondo, cauce muy vertical que desemboca en la costa; luego desciende suavemente entre Vinagreras (Rumex lunaria), Tabaibas (Euphorbia mellifera), Cardones (Euphorbia canariensis), Verodes (Kleinia neriifolia), Bejequillos Gomeretas (Aeonium lindleyi) y diversas especies vegetales que cuelgan del talud de tosca tallada que bordea el paso. Más adelante y mediante un firme muy irregular en línea recta, iremos caminando sobre la Tablada de la Mesa, ya con la vista puesta en El Semáforo, del cual podemos ver una parte de este; el camino desciende luego más empinado y termina justo en la entrada principal de la edificación, donde hay unas viejas losas en el suelo que formaban parte del antiguo pavimento que cubría esta parte; es en este preciso punto donde concluye el PR-TF-5.1.


El Semáforo.

Vista del Roque de Antequera desde El Semáforo (dcha.).

Vista de la costa de Santa Cruz desde El Semáforo.


El Semáforo es una antigua estación se señalización marítima construida entre los años 1880 y 1895 que se utilizaba para avisar al personal del puerto de Santa Cruz de Tenerife de las llegadas de los barcos que se acercaban a dicho muelle de carga; estuvo en activo hasta el año 1970. Actualmente está en estado de total abandono y sin esperanza de que algún estamento público haga por remediarlo, a pesar de ser una auténtica reliquia arquitectónica situada en un entorno privilegiado a 235 metros de altura sobre un precioso acantilado.




Después de haber disfrutado del entorno y de las vistas, regresamos desandando el mismo camino hasta llegar a la bifurcación que nos encontramos antes de descender hacia El Semáforo; una vez allí iremos hacia la derecha dejando a un lado la señalización del Semáforo y accedemos a una vereda que comienza con firme de tierra algo pedregoso y superficie bastante estrecha que asciende suavemente bordeando las faldas rocosas del Lomo de la Atalaya. 




Avanza luego algo expuesto, con algunos tramos que tienen restos de empedrado y discurre cada vez con más desnivel de subida remontando por una zona de tosca donde hay tallados unos pasos a modo de escalones que nos facilitan el recorrido; las vistas del pueblo de Igueste de San Andrés, ubicado en las estribaciones de la desembocadura del Barranco de Igueste, son espectaculares desde la vereda que vamos siguiendo, que está bordeada por multitud de ejemplares de Cardones (Euphorbia canariensis) Tabaibas (Euphorbia mellifera), Inciensos (Artemisia thuscula) y otras especies.


Casa de los Atalayeros.



Al terminar la subida llegaremos a un toscal que es el Lomo de la Atalaya, si queremos podemos desviarnos hacia la derecha y ascender al promontorio rocoso que tenemos enfrente, que se eleva a unos 402 metros sobre el nivel del mar y desde donde las vistas son insuperables. A la izquierda tendremos a la vista la vieja Casa de los Atalayeros, considerada como uno de los principales lugares de vigía de la isla al estar interconectada mediante señales visuales con otras cercanas del macizo de Anaga; su construcción data del siglo XVI y jugó un papel muy importante en la defensa de la isla, ya que, desde la misma, en el año 1797, se alertó de la llegada del almirante Nelson con intención de conquistarla, no lográndolo por este hecho.


Lomo de la Atalaya.


Mediante un tramo rocoso que discurre entre Cardones (Euphorbia canariensis), Tabaibas (Euphorbia mellifera), Inciensos (Artemisia thuscula), Cornicales (Periploca laevigata) y Pencones (Opuntia maxima), llegaremos a ella; está situada en el lugar conocido como La Atalaya de Igueste, a una altitud de 426 metros. La edificación está completamente cerrada y su estado de conservación es medianamente bueno; el sendero continúa junto a la casa, rodeado de multitud de ejemplares de Piteras (Agave americana) y se dirige hacia una degollada que se asoma a un valle donde se vislumbran los cauces de los barrancos de Zápata y Antequera. Antes de descender a dicho valle, iremos hacia la derecha recorriendo una cresta que se extiende sobre el cauce del Barranco de Benítez y del Lomo de la Penca Picona hasta llegar a un punto culminante donde hay un vértice geodésico a los 422 metros de altura que se denomina Atalaya Vieja; hay un amplio espacio llano donde crecen numerosos ejemplares de Tabaibas (Euphorbia mellifera), protegido por un muro de piedra seca desde donde puede verse una imagen espectacular de la Playa de Antequera y su entorno donde el Roque de Antequera (147 m.) es protagonista visual.


Atalaya Vieja.


Vista de la Playa de Antequera desde la Atalaya Vieja.


De vuelta a la degollada, empezamos a descender evitando una vereda que se dirige hacia la izquierda a acceder a la cresta que separa el cauce del Barranco de Zápata del de Igueste; nuestra ruta baja hacia la derecha bordeando dicha cresta mediante un sendero muy marcado y algo estrecho con vistas hacia el cauce del citado barranco y al Roque de Antequera (147 m.), cuya mole rocosa se interna en el mar. Luego, el camino se precipita con fuerte desnivel por una zona bastante rocosa que combina algunos pasos tallados en el terreno de tosca de color rojizo, del cual también está compuesto y que es muy común en los caminos del macizo de Anaga; más adelante termina la bajada por unos escalones de piedra en una vereda casi llana que va avanzando por la zona denominada Corralillo de los Burros donde nacen varios barranquillos secundarios que desembocan en el cauce principal.





Una vez llaneando, avanzamos bajo el Lomo de la Sabina entre Cardones (Euphorbia canariensis), Tabaibas (Euphorbia mellifera), Cornicales (Periploca laevigata), Magarzas (Argyranthemum broussonetii), Rosalitos de Anaga (Pterocephalus virens), Pencones (Opuntia maxima) y un sinfín de especies vegetales características de la zona y lo haremos bordeando la cabecera del Barranco de Zápata, habiendo dejado atrás en un momento determinado, una bifurcación por nuestra derecha que se dirige a la Playa de Antequera; más adelante pasaremos bordeando los restos de un viejo murete de piedra seca que delimita el camino y luego un suave ascenso mediante firme de tosca rojiza con algunos tramos tallados en el terreno, nos lleva a la Gollada el Roquete, un punto donde se bifurca con un antiguo camino que desciende por nuestra izquierda muy sinuoso y bastante expuesto, por la Hoya las Huertas hacia el Caserío de Lomo Bermejo, un grupo de casas en una zona agrícola visible desde este punto. 


Bifurcación con el sendero que baja 
a la Playa de Zápata (dcha.).





Bajaremos desde este punto, dejando detrás un punto culminante en la cresta que queda por encima de nosotros, llamado Gollada del Cuchillo (381 m.) y continuamos luego bordeando la cabecera del barranco mediante una vereda bastante estrecha que pasa primeramente por una zona de tosca, para luego continuar avanzando en suave ascenso entre multitud de Tabaibas (Euphorbia mellifera), Inciensos (Artemisia thuscula) y algunos Cardones (Euphorbia canariensis) y llegar a la propia cabecera donde hay un amplio espacio inclinado donde confluyen varios barranquillos que nacen en el Lomo de la Paredilla, donde podremos ver algunos ejemplares de Dragos (Dracaena draco) que crecen aislados y en plena naturaleza salvaje.


Cabecera del Barranco de Zápata.

Caserío de Lomo Bermejo.


A partir de aquí iremos zigzagueando entre la vegetación y fijándonos en algunas marcas que fueron hechas en forma de señalización, ya que el paso por este lugar está algo confuso; luego remontamos por una zona más rocosa entre un frondoso Cardonal – Tabaibal (Euphorbia canariensis y Euphorbia mellifera) y un poco más adelante coronamos la misma cresta donde anteriormente encontramos el cruce de un sendero que descendía hacia el Caserío de Lomo Bermejo. Luego tendremos que seguir fijándonos en las marcas pintadas artificialmente, ya que continuaremos remontando con fuerte desnivel por firme muy rocoso hasta llegar a la base del Lomo de la Paredilla, un promontorio peñascoso que se eleva hasta los 526 metros de altitud. 



Desde este asomadero podemos observar la cresta que separa el Barranco de Zápata, el cual hemos recorrido una de sus vertientes y al otro lado el Barranco de Antequera, que desemboca en la paradisiaca Playa de Antequera. 




Seguimos el sendero que avanza entre el Lomo de la Paredilla y La Cabezada (478 m.), un promontorio rocoso que nos queda a un nivel inferior de nuestro recorrido; después daremos un giro a la izquierda para proseguir bordeando la cabecera de un cauce secundario que desemboca en el Barranco de Antequera, llegando poco después a la base del Lomo de los Atalayeros, otra cúspide rocosa que se eleva hasta los 549 metros de altitud sobre el nivel del mar. Nuestro recorrido continúa en suave descenso, casi llaneando, rodeando varias cabeceras de barranquillos por la zona de Las Pintillas y El Palmito hasta llegar a una degollada donde hay un dique rocoso que da abrigo a un pequeño bosque de Brezos (Erica arborea), donde crecen también numerosos ejemplares de Cardones (Euphorbia canariensis), algunas Tabaibas (Euphorbia mellifera), Pencones (Opuntia maxima) e Inciensos (Artemisia thuscula); un poco después, en el Pasito del Corcho, confluimos con el camino que desciende hacia la Playa de Antequera, que se inicia por nuestra derecha. 


Pasito del Corcho.

Unos metros más adelante y después de haber ignorado dicho sendero, nos encontramos con el PR-TF-5 que sigue de frente hacia el Caserío de Las Casillas, terminando posteriormente en Chamorga; desde este punto hay una panorámica perfecta de la cresta por la que hemos venido además del cauce sinuoso del Barranco de Igueste, que desemboca entre la población del Caserío de Igueste de San Andrés.


Confluencia con el PR-TF-5.


Empedrado del PR-TF-5.


Por el mismo PR iremos hacia la izquierda e iniciaremos un descenso pisando al principio un tramo con restos de empedrado, que discurre entre algunos Cardones (Euphorbia canariensis), Tabaibas (Euphorbia mellifera), Cornicales (Periploca laevigata) e Inciensos (Artemisia thuscula); luego va avanzando un poco degradado y en ocasiones escalonado, teniendo en algunas ocasiones trayectos más pedregosos donde hay que extremar las precauciones. En una zona más rocosa, cerca de la Hoya de Juan Izquierdo, vemos un apartadero donde hay un viejo refugio muy precario hecho con madera y lona; luego más adelante el sendero da un giro brusco a la izquierda bajo un promontorio rocoso y continúa con firme empedrado vadeando la cabecera de un pequeño cauce en la zona denominada Descansadero el Brezal, donde hay un minúsculo bosque de Brezos (Erica arborea) delimitado por un murete de piedra seca que así mismo marca el camino.








Más adelante, prácticamente llaneando por un toscal en el Lomo de los Abales y teniendo la vista puesta en el Roquetillo Cueva Heno (296 m.) que se alza frente a nosotros, nos fijaremos en una bifurcación donde se inicia un sendero por nuestra derecha entre Cardones (Euphorbia canariensis), separándose del que hemos venido recorriendo; en este punto abandonaremos el PR-TF-5 que desciende por dicho lomo bordeando el citado roque hacia Igueste de San Andrés y tomaremos dicha senda que se dirige bordeando un barranquillo hacia la Hoya de los Abales; camina algo estrecho y con firme terroso y después de haber cruzado dicho cauce remonta por unos escalones de piedra y avanza luego más ancho y bastante más pedregoso por el costado de la vertiente del barranco; discurre entre algunos Almácigos (Pistacia atlantica) aislados, que crecen muy frondosos junto a Tabaibas (Euphorbia mellifera), Granadillos (Hypericum canariense), Cardones (Euphorbia canariensis), algunos Pencones (Opuntia maxima), Bejeques (Aeonium ciliatum) y Cornicales (Periploca laevigata); en una de las resbaladeras cercanas podemos ver un solitario Drago Canario (Dracaene draco) con el fondo espectacular de la cuerda montañosa que rodea el Valle de Igueste. 




Continuamos remontando sinuosamente sobre firme más degradado, hasta llegar a un promontorio rocoso con vistas panorámicas donde hay otro refugio de las mismas características que el que vimos anteriormente y que puede servir al caminante para un resguardo ocasional.






El sendero avanza bordeando de nuevo otro barranquillo y lo hace por la Hoya Cho Cristóbal que está bajo la Meseta de los Abales (438 m.) entre multitud de Piteras (Agave americana) hacia una torre de tensión eléctrica, la cual rebasaremos muy pegados a ella; luego desciende suavemente con el firme ligeramente inclinado abriéndose paso entre la vegetación, y se dirige a cruzar de nuevo otro cauce que se sitúa bajo el Risco del Cuervo; en este y otros cruces es posible que corra agua en temporada de lluvias, por lo que debemos tener precaución al avanzar. 




Después asciende bruscamente y con firme muy pedregoso, con tramos escalonados de roca que avanza algo precario y desemboca en una cresta donde hay una intersección de caminos; a la derecha sube muy empinado una vereda por el Lomillo Delgado hacia la Casa la Parra, la cual veremos a lo lejos bajo un enorme dique rocoso que forma parte de uno que recorre toda la cuerda montañosa que tenemos a nuestra vista.


Dique rocoso y Casa de la Parra.


Nuestra ruta sigue de frente evitando el sendero anterior y se dirige a rebasar de nuevo dos quebradas contiguas que descienden casi juntas desde el Corral de los Juncos, al mismo tiempo que el recorrido, muy pedregoso y casi oculto por la cantidad de vegetación que crece, avanza paralelo a un cauce principal que desemboca mucho más abajo en el Barranco de Igueste. Después de abrirnos paso como podamos entre la frondosa espesura, seguiremos caminando en suave ascenso, pasando por alguna zona más rocosa, hasta llegar a un amplio espacio despejado que forma un llano donde poder descansar y disfrutar de las vistas. 




Después continuaremos de camino llaneando por las faldas de Montaña de las Jaras (536 m.), que se alza sobre nuestras cabezas entre algunas Higueras que crecen mezcladas con unos Laureles (Laurus novocanariensis) y un pequeño bosque de Brezos (Erica arborea); entre el sotobosque de Bejeques (Aeonium ciliatum), Inciensos (Artemisia thuscula), Cardones (Euphorbia canariensis), Pencones (Opuntia maxima), y muchas otras especies. Luego remontamos un pequeño tramo y descenderemos repentinamente bajo grandes árboles para luego caminar por los restos de un pequeño tramo del viejo firme que aparece empedrado y delimitado con un muro que servía de cimentación del mismo; luego iremos bordeando el Lomo de las Jaras, buscando el mejor sitio posible para pasar, ya que el sendero desaparece y aparece en multitud de ocasiones, además con firme muy irregular y algunas veces expuesto y bastante estrecho; tendremos desde este lugar la primera imagen de lo que parece ser el Caserío de las Jaras, todavía lejos de nuestro alcance.


Restos del viejo camino.


Seguiremos intuyendo la vereda, que aparece bajo la frondosa vegetación mientras vamos avanzando; en un momento determinado llegaremos casi al borde del Barranco del Mocanillo donde hay una casa cerca del cauce y un camino que continúa hacia ella. Nuestra ruta sigue su curso hacia la derecha por el borde del barranco ignorando dicho acceso y dirigiéndonos a la cabecera del mismo, donde lo cruzaremos atravesando un dique rocoso. 


Cabecera del Barranco del Mocanillo.

Después veremos un pequeño tramo del camino delimitado y cimentado con grandes piedras y con restos de empedrado, donde crecen cantidad de Bejeques (Aeonium ciliatum), Jaguarzos (Cistus monspeliensis) y algunos Pencones (Opuntia maxima) y que sigue bordeando el cauce del barranco donde está El Risco del Bujero; luego continuamos en suave descenso mediante un recorrido algo más clarificador que circunvala La Caldereta, una lomada que se extiende sobre nuestras cabezas y bajo el Roque de los Muertos (649 m.) y el Risco Manito. 


Restos de empedrado (izq.); Barranco del Mocanillo (dcha.).

Nuestro camino confluye en la zona conocida como El Manchón, con otro que veremos por nuestra izquierda y que viene desde el Barranco del Mocanillo, posiblemente de la casa que se encuentra cerca de su cauce y que vimos desde el otro lado del mismo. Enseguida llegaremos al Caserío de La Laja, una pequeña población agrícola compuesta de varias casas dispersas por el entorno de la cabecera del Barranco de Igueste, que está bajo dos cascadas rocosas, el Salto del Chasnero y el Salto del Palo, además del Risco de las Aguilillas y el Lomo de la Casa. 


Llegando al Caserío de La Laja.


Caserío de La Laja.

El sendero que encontramos y que cruza el caserío, viene de Igueste de San Andrés y se dirige a La Cancelilla bordeando la cabecera del barranco; nuestra ruta es hacia la izquierda, hacia Igueste, por un sendero muy evidente que discurre entre algunas huertas de cultivo bajo las faldas del Risco Cho Zarza (484 m.), que desciende suavemente mediante un firme con restos de empedrado y muchos tramos pedregosos. 


Camino empedrado.

Avanza luego cruzando varias veces el cauce del barranco, en otras ocasiones tallado en la tosca a modo de pasillo para evitar el agua en dicho cauce en las zonas más estrechas y también tiene zonas en las que un murete de piedra seca delimita el paso. Pasaremos más adelante por la zona conocida como Piedras Oscuras, donde crece un enorme ejemplar de Eucaliptus (Eucalyptus globulus), aquí el sendero desciende bruscamente junto a una vieja construcción que se realizó aprovechando el hueco en la roca y se dirige al cauce del barranco bordeando unas grandes rocas encajonadas en el mismo; una vez atravesado el mismo, iremos llaneando por firme empedrado y teniendo a la vista un curioso dique rocoso que se forma en el Lomo de las Rosas, junto al Barranco del Mocanillo. 




Luego continúa su curso bordeando el cauce del barranco y más adelante vuelve a atravesarlo por una zona bastante ancha, que nos va llevando, junto a grandes ejemplares de Cardones (Euphorbia canariensis), sobre la base del Lomo la Palma por donde desciende un sinuoso camino que viene desde La Cancelilla.

Continúa circundando el cauce del barranco y cruzándolo en varias ocasiones con firme mayoritariamente empedrado; después, pasaremos bordeando las desembocaduras de los barrancos de Las Piletas y Los Canales, dos cauces secundarios que terminan en la cuenca principal, que es el Barranco de Igueste. 


Farrobero de la Piedra la Lapa.

En un brusco giro del camino nos encontramos un solitario ejemplar de Farrobo (Ceratonia siliqua), llamado el Farrobero de la Piedra la Lapa, un lugar ideal para un buen descanso rodeado de Tabaibas (Euphorbia mellifera), Cornicales (Periploca laevigata) Jaguarzos (Cistus monspeliensis), Cardones (Euphorbia canariensis), Piteras (Agave americana) y un largo etcétera de especies vegetales autóctonas de la zona. 



Pista Hoya de los Juncos.

Conexión con el PR-TF-5 (dcha.).

El sendero se prolonga por un costado del barranco hasta llegar a una pista de tierra que desciende bruscamente unos metros hasta conectar con la carretera asfaltada; una vez en ese punto seguimos caminando aproximadamente tres kilómetros por dicha carretera, que es la denominada Pista Hoya de los Juncos, en continuo descenso, pasando bajo la cuerda montañosa que protege el cauce del Barranco de Igueste, donde son notables varias cumbres como la Montaña Hoya de los Juncos (498 m.), la Montaña de Pedro Rixo (372 m.), la Hoya del Quebradero y el Campillo Redondo (253 m.) y coincidiendo de nuevo con el sendero PR-TF-5 que desemboca en la Carretera de Igueste de San Andrés, la TF-121 y que en unos pocos metros termina en la Plaza de San Pedro, donde iniciamos el recorrido, habiendo hecho por tanto un recorrido circular.



Igueste de San Andrés.



© Texto y fotografías de FRANCISCO FARIÑA
    francisco_farina @yahoo.es


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