jueves, 15 de abril de 2021

EL ROQUE - MONTE CHO PANCHO - EL ROQUE

EL ROQUE - MONTE CHO PANCHO - 
EL ROQUE
 
 FICHA TÉCNICA
 
TÉRMINO MUNICIPAL: San Miguel de Abona.
COMO LLEGAR: Desde la capital de la isla, Santa Cruz de Tenerife, tomaremos la autopista del sur, la TF-1, hasta llegar a la salida número 62 que conecta directamente con la carretera TF-65 de acceso al núcleo urbano de San Miguel. Una vez lleguemos, tomaremos la TF-28 que hacia la izquierda nos lleva al Caserío de El Roque, siguiendo la señalización correspondiente.
COMIENZO: Caserío de El Roque.
FINAL: Mismo lugar.
DIFICULTAD: Media.
DURACIÓN: Indeterminada.
LONGITUD: 9,4 km.
PROVISIÓN DE AGUA: En el Caserío de El Roque hay un bar y en el área recreativa de Monte Cho Pancho hay varios puntos de agua.
LUGARES DE INTERÉS: 1.- Caserío de El Roque; 2.- En el trayecto hasta el Monte Cho Pancho hay varios puntos de interés señalizados con paneles informativos; 3.- Área recreativa del Monte Cho Pancho; 4.- Galería Tapaditos del Ebro.   
VENTAJAS: Recorrido circular de alto interés etnográfico y señalizado hasta el área recreativa del Monte Cho Pancho, perteneciente a la red de senderos del municipio de San Miguel de Abona.
INCONVENIENTES: En el regreso, algunos tramos del camino original están abandonados e invadidos por la vegetación. 
PELIGROSIDAD: Ninguna digna de mención.
TIPO DE RUTA: Senderismo.
 
 PUEDES SEGUIR ESTA RUTA EN WIKILOC

 


CARTOGRAFÍA
 

DESCRIPCIÓN 

Damos comienzo este recorrido en la plaza principal del Caserío de El Roque, un núcleo de población perteneciente al municipio de San Miguel de Abona situado en las inmediaciones del Monumento Natural del Roque de Jama, de ahí su nombre. En dicha plaza está la Iglesia de San Roque, un templo religioso contemporáneo edificado en el año 1970 en el mismo lugar donde había uno anterior, datado en 1907.

 Iglesia de San Roque.

Inicio de la ruta en El Roque.

Empezamos a caminar por la Calle de San Roque, siguiendo las indicaciones de dos señales de dirección situadas en la plaza, que muestran la trayectoria a seguir para el Monte Cho Pancho y para el Caserío de La Hoya, este último distante a un poco más de 1 kilómetro. En la siguiente bifurcación iremos a la izquierda por la Calle el Tapado, ignorando ir en dirección contraria por la Calle la Calzada que se dirige hacia el citado caserío. 
 
 
 Arquitectura tradicional canaria.
 
 
Continuamos en suave ascenso haciendo un recorrido urbano que va saliendo gradualmente del núcleo poblacional; más adelante vemos como los muros de piedra seca que delimitan las huertas de cultivo del entorno, sustituyen poco a poco a las viviendas del pueblo, salvo algunas viejas casas de piedra de las cuales alguna de ellas conserva en buenas condiciones un horno tradicional. 
 
 

 
 
Enseguida nos encontraremos una bifurcación donde las señales del recorrido nos obligan a girar a la derecha, el camino deja de estar asfaltado y continúa con firme de tierra, justo donde se encuentra un pequeño caserío en estado medio ruinoso, compuesto de varias edificaciones hechas de tosca al más puro estilo arquitectónico canario.
 
 
 
Unos metros después llegaremos al borde del Barranco del Pinito donde el camino se bifurca en dos, a la izquierda asciende con fuerte pendiente y empedrado junto a la parte trasera de una casa de piedra que luce un balcón canario de madera, hacia la zona denominada La Cáscara y Pinito. 
 
 
 
 
Sendero empedrado cruzando el Bco. del Pinito.
 
A la derecha, nuestra ruta desciende hacia el cauce del barranco por un sendero con firme también empedrado, entre Magarzas (Argyranthemum frutescens), Taginastes (Echium aculeatum), Bejeques (aeonium urbicum), Verodes (Kleinia neriifolia), Hinojos (Foeniculum vulgare) y alguna Cañaheja (Ferula linkii) con su espectacular floración de color amarillo. 
 
 
 En el cauce del Barranco del Pinito.

 
 
Una vez lo hayamos cruzado, el sendero avanza en ascenso con firme más pedregoso debido a la erosión y desgaste del pavimento original; bordea luego el muro de una charca de grandes dimensiones y después, las paredes de piedra seca de unas huertas de cultivo. A medida que avanzamos en el recorrido, las vistas que nos ofrece el entorno son más que espectaculares, sobre todo en un punto estratégico donde hay un panel explicativo referido a la vegetación del lugar, ya que puede verse al completo el pueblo desde donde partimos, que está situado bajo las faldas del Roque Jama (775 m.); más alejada, la Montaña Centinela (609 m.) que alberga una antena de telecomunicaciones en su cumbre.
 
 
 
Sendero delimitado por muretes de piedra seca.

El camino avanza en continua pendiente, algo estrecho y delimitado por dos muros de piedra a ambos lados, el firme es bastante irregular con tramos pedregosos y algunos pequeños trayectos que conservan el empedrado original; también hay algunas zonas de tosca en el terreno, precisamente en un punto al borde del Barranco de El Tapado donde nos encontraremos otro panel informativo, este alusivo a la transformación del paisaje en un entorno agrícola. 
 
 
Zona con firme de tosca.
 
 
Vistas hacia el Roque de Jama.

Unos ciento cincuenta metros más adelante, estaremos en otro mirador natural situado bajo una pareja de Pinos Canarios (Pinus canariensis) donde otro panel informativo nos informa precisamente de las bondades de dicho árbol; este es un lugar que invita a un descanso para admirar el paisaje que tenemos a nuestros pies, donde se hace protagonista el Roque Jama (775 m.) y la Montaña Centinela (609 m.), así como toda la extensión el valle formado por los municipios de San Miguel de Abona y Arona, viéndose también la Montaña de Guaza (428 m.) y el Roque Igara (390 m.).
 
 
Panel informativo con vistas al Roque de Jama.

El trayecto sigue su curso ascendente, aunque algunos trechos se presentan más o menos llanos, pero el desnivel sigue siendo en todo el recorrido de subida; la vegetación inunda todo el entorno, incluso en antiguas huertas que fueron muy prósperas en tiempos pasados, crecen en el entorno multitud de Cañahejas (Ferula linkii) con su floración de un color amarillo intenso, Jaguarzos (Cistus monspeliensis), Tabaibas (Euphorbia atropurpurea), Taginastes (Echium aculeatum), Magarzas (Argyranthemum frutescens), Verodes (Kleinia neriifolia), Matorriscos (Lavandula canariensis). El recorrido está perfectamente marcado, bien mediante sus muros de piedra originales a un lado y al otro, o bien con una hilera de pequeñas rocas a modo de mojones; luego un tramo en línea recta, cerca de donde crecen algunos Almendreros y varios Pinos Canarios (Pinus canariensis) aislados, nos va acercando a una edificación que protagoniza una zona agrícola donde hay numerosas huertas de cultivo en estado de abandono y al otro lado del camino, una era de trilla muy bien conservada; la casa está en estado ruinoso y situada en una especie de altozano donde poder divisar y disfrutar de las magníficas panorámicas del valle. 
 

 
 El camino pasa junto a las ruinas de una vieja casa.
 
 Era de trilla.

 
 Cañaheja (Ferula linkii) (dcha.).



La frondosa vegetación inunda el entorno, incluso en el exterior más cercano de la casa donde crecen grandes ejemplares de Tabaibas (Euphorbia atropurpurea), al lado de multitud de Malpicas (Carlina salicifolia), Magarzas (Argyranthemum frutescens) y Cañahejas (Ferula linkii). El camino avanza sin parar de subir y se desvía más delante de una vieja pista agrícola, zigzagueando entre muretes de piedra seca, por las inmediaciones de una de las laderas del Barranco del Pinito y bordeando algunos nateros, estos son muros de piedra seca que han hecho los agricultores de épocas pasadas, para taponar barranquillos secundarios y así captar el agua de lluvia y que con el tiempo se conviertan en pequeñas huertas una vez el agua se haya evaporado y dejado varias capas de sedimento en el fondo. 
 

 
El camino marcha por la zona conocida como La Silleta, bastante pedregoso, aunque tiene pequeños tramos que evidencian que anteriormente estuvo empedrado; más adelante, en un promontorio rocoso, hay otro panel informativo que explica la dura y difícil vida en el campo que había en el entorno que divisamos desde este punto. Remonta luego entre Jaguarzos (Cistus monspeliensis), Cornicales (Periploca laevigata) y Pencones (Opuntia maxima) donde hay un poste con señales de dirección que nos informa de la distancia que nos queda para llegar al Monte Cho Pancho, que es de algo menos de dos kilómetros. 
 
 
Señalización del recorrido (izq.).

El trayecto lo encontramos a partir de aquí con un ancho considerable y con firme muy pedregoso, así como marcado por ambos muretes de piedra seca que delimitan el paso; avanza siempre en continuo ascenso, más adelante hay una era de trilla junto al camino que es imperceptible ya que está oculta bajo la vegetación; hay una pista agrícola que cruza perpendicularmente nuestro trazado, justo donde crece un ejemplar aislado de Higuera y que se dirige, después de cruzar un barranquillo abarrotado de Pencas (Opuntia maxima) por la derecha, hacia una casa también abandonada. 
 
 
 
  
 
Seguimos de frente por el evidente camino que transcurre definido entre muros de piedra seca y luego gira a la derecha entre algunos ejemplares de Escobones (Chamaecytisus proliferus), hasta encontrar una llanada donde hay otro cartel de información; en unos pocos metros encontraremos dos hornos tradicionales de tosca, uno de ellos derruido que, según la información existente en el lugar, se utilizaron para secar higos y hacer pan. El paso del camino continúa unos metros cercado por una valla de madera, ya que hay una cueva semiderruida a un nivel inferior del recorrido; unos metros después desembocamos en una pista agrícola donde hay varios almendreros, por la que tendremos que girar hacia la izquierda y continuar avanzando dirección al pinar que tenemos a la vista enfrente de nosotros. 
 

 Vallado del recorrido cerca de un horno tradicional.

 
 
Enseguida vemos un sendero señalizado que se desvía de la pista y asciende internándose en el bosque marcado por una hilera de piedras, que zigzaguea entre los pinos hasta llegar a los primeros elementos que componen el área recreativa del Monte Cho Pancho; hay varias bifurcaciones que llevan a las distintas mesas de madera y fogones mediante pequeñas sendas y algún puente de madera colocado estratégicamente en los lugares más erosionados. El área recreativa está provista de servicios sanitarios públicos, tomas de agua, parque infantil y varios paneles informativos referidos a la biodiversidad del entorno. En el parquin se inicia la carretera asfaltada que sirve de acceso al lugar, donde hay unas vistas panorámicas de las medianías del municipio, donde podemos distinguir, igual que durante la subida hasta aquí, la imagen protagonista del Roque de Jama (775 m.), la costa de San Miguel, la de Arona y la Montaña de Guaza (428 m.) y el Roque Igara (390 m.). 
 

 Monte Cho Pancho.
 
 
La vía se dirige hacia la carretera de Vilaflor, la TF-563, llaneando entre altos muros de piedra pertenecientes a unas fincas de cultivo, luego cruza el Barranco de La gotera, donde crecen grandes ejemplares de Tabaibas (Euphorbia atropurpurea); los bordes de la carretera están cubiertos de Magarzas (Argyranthemum frutescens), Tederas (Bituminaria bituminosa), Matorriscos (Lavandula canariensis), Correguelas (Convolvulus althaeoides), Cerrajones arbóreos (Sonchus canariensis) y algún almendrero aislado. 
 

 
 
 
Antes de llegar a la carretera principal, la vista de la cuerda montañosa que cierra el circo de las Cañadas del Teide por el sur, donde destaca la silueta de la cara sur de Montaña Guajara (2715 m.), las cumbres anexas y el Sombrero de Chasna (2405 m.), hay una bifurcación hacia la derecha que desciende también asfaltada bajo el pinar y bordeando el cauce del Barranco de La Gotera. Hay Escobones (Chamaecytisus proliferus), Cerrajones (Sonchus acaulis), Amagantes (Cistus symphytifolius), Jaguarzos (Cistus monspeliensis) y un sinfín de especies vegetales, que en la estación primaveral le da un color especial a la ruta; seguimos por la misma unos setecientos cincuenta metros, acompañados de la imagen de las laderas rocosas de la vertiente sur del Barranco de La Gotera donde se deja entrever los restos de un antiguo camino que cruzaba el cauce, al otro lado también vemos el pinar que conforma el Monte Cho Pancho, donde acabamos de estar. 
 
 


 
 
En una curva cerrada que forma la carretera, se desvía una pista de tierra que continúa de frente a nuestros pasos y que discurre entre terrenos de cultivo vallados, hasta que termina donde se inicia un camino muy pedregoso que se encuentra bordeado de multitud de Jaguarzos (Cistus monspeliensis), Cañahejas (Ferula linkii), Malpicas (Carlina salicifolia), Tederas (Bituminaria bituminosa) y algunos Pinos Canarios (Pinus canariensis) aislados. 
 
 
 
 
 
Una tubería galvanizada nos dirige el paso por una zona bastante rocosa y compacta atestada de Bejeques Punteros (Aeonium urbicum) y algunos Verodes (Kleinia neriifolia); cerca hay un gran estanque de agua abandonado y luego el trayecto del camino nos lo encontraremos marcado por un murete de piedra seca que antiguamente lo delimitaba y algunos restos del empedrado que probablemente albergaba. Un poco más adelante la vegetación ha invadido la mayor parte del sendero, pudiéndolo evidenciar mediante el recorrido de un muro de reciente fabricación que pertenece a una finca particular; luego y a medida que avanzamos, siempre en descenso, la traza del camino se va despejando y se hace más evidente y clara, incluso los muretes originales de demarcación hacen que el recorrido sea aún más lógico. 
 
 
Horno de tosca (dcha.).

Las vistas son semejantes a las que disfrutamos en la subida por la lomada que está a nuestra derecha; el Roque de Jama (775 m.) protagoniza, junto con la Montaña Centinela (609 m.), el paisaje árido de medianías del municipio de San Miguel, así como algunos conos volcánicos destacables como la Montaña Gorda (645m.) en Charco del Pino y la Montaña Chimbesque (425 m.) en Las Chafiras, entre algunas otras. Llega un momento en que confluimos con una pista agrícola bastante pedregosa y con algunos tramos cementados, donde hay una construcción destartalada y medio abandonada; más adelante conecta directamente con una calle asfaltada que avanza siempre descendiendo, esta vez con algo más de desnivel, por la zona conocida como La Grama. 
 
 
 Tramo asfaltado.

  
Galería Tapaditos del Ebro (dcha.).

 Canalización antigua de tosca en desuso.
 
Nos acompaña por uno de los bordes de la calle, una vieja canalización de tosca que ha perdurado hasta la actualidad y nos recuerda la importancia agrícola que tuvo esta zona; en un determinado momento, en la zona conocida como Era Alta, veremos una desviación a la derecha que se dirige a la Galería Tapaditos del Ebro, distante unos seiscientos metros y situada en el cauce del Barranco del Tapado, siendo opcional su visita. 
 

 
 
 El camino con tramos empedrados.
  
 
Continuando por el asfalto y una vez dejado atrás el anterior cruce, tendremos que abandonar la vía justo donde hay un estanque y continuar nuestra ruta de frente, entre varias Vinagreras (Rumex lunaria), por un camino muy pedregoso, que tiene más adelante algunos pequeños tramos empedrados y que discurre en descenso y acompañados por una tubería galvanizada y varias paredes de tosca que bordean el trayecto. 
 
 
 Huertas cultivadas cerca de la Presa de Jiménez.

  
 
Unos metros más adelante, se estrecha considerablemente durante uno de los tramos empedrados y después desemboca en una pista de tierra donde hay gran cantidad de Pencones (Opuntia maxima), justo al lado de la Presa de Jiménez, un embalse que se encuentra en estado de abandono. 
 
 

  
 
 
Calle San Roque llegando al final de la ruta.
 
Por la pista agrícola iremos llaneando próximos a las paredes de piedra perfectamente elaboradas de unas huertas colindantes, hasta que en pocos metros termine en una calle asfaltada que a su vez converge un poco más adelante con la Calle el Drago; por esta última iremos hacia la derecha cruzando el Barranco de la Fuente y llegando después a la Calle La Calzada, la cual discurre transversalmente. A la derecha continúa nuestro recorrido por dicha vía hasta encontrarnos con la Calle San Roque, por la que iremos caminando hasta encontrar de nuevo la plaza principal del Caserío de El Roque, donde iniciamos la ruta, dando por finalizada la misma. 
 

© Texto y fotografías de Francisco Fariña

    francisco_farina@yahoo.es